¿Qué es la acuicultura?

La acuicultura, según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), es una actividad dirigida a producir y engordar organismos acuáticos en su medio.

También se define como el cultivo en condiciones controladas de especies que se desarrollan en el medio acuático (peces, moluscos, crustáceos y plantas) y que son útiles para el hombre.

La acuicultura va ligada a la intervención humana para incrementar la producción a través de la concentración de poblaciones, su alimentación y la protección frente a los depredadores.

¿Cuáles son los orígenes de la acuicultura?   

Hace unos 4.000 años, las familias chinas comenzaron a cultivar carpas en estanques. El primer tratado sobre dicho cultivo fue redactado por Fan Lei y data del 475 a.C.  

Son también numerosas las referencias realizadas por griegos y romanos. Aristóteles y Plinio escribieron sobre el cultivo de ostras en la Grecia antigua, siendo el general romano Lucinius Mureno el que es considerado inventor del estanque o piscina donde se cultivaban los peces en el siglo I. Estas prácticas de criar y engordar peces y moluscos en cautividad se convirtieron en uno de los máximos exponentes de riqueza y ostentación por parte de las capas más pudientes de la sociedad romana, que presumían en sus casas de verano (villae maritimae) de las grandes “piscinas” dedicadas a estos menesteres, siendo por ello llamados piscinarii. Pronto, y fruto de los movimientos de población debidos a la conquista del Mediterráneo occidental por Roma, estas prácticas fueron difundiéndose progresivamente como resultado de los procesos de colonización itálica en los nuevos territorios, entre ellos, Hispania. 

En España, la acuicultura profesional llega poco antes de 1866, año en el que se crea el Laboratorio Ictiológico de La Granja del Real Sitio de San Ildefonso y aparece la primera piscifactoría de trucha en el Monasterio de Piedra (Aragón).  

En los años 80 se distinguían 3 cultivos característicos en la acuicultura española, entonces familiar y muy tradicional:  

  • Bateas de mejillón, principalmente en las rías gallegas. Los mejillones crecen encordados a un entramado de cuerdas verticales filtrando nutrientes del medio. 

  • Cultivo de trucha arco iris y otras especies continentales en estanques con agua dulce procedente de los ríos. 

  • Esteros gaditanos, donde los peces se estabulan en zonas de poca profundidad y separadas del mar abierto. Los peces crecen y se alimentan del medio natural. 

Más tarde, en los años 90, con la incorporación de nuevas tecnologías y una mayor industrialización del sector, se incorporaron nuevas especies como el rodaballo en el norte de España o, más recientemente, el lenguado.  

Hoy en día, la acuicultura supone, a nivel mundial, la mitad de la producción de pescado que consumimos y, en nuestro país, uno de los mayores consumidores de pescado en el mundo, en torno al 25%. La acuicultura ha comenzado a percibirse como vía para mantener e incrementar el consumo de pescado y satisfacer las demandas futuras de proteínas, constituyendo, además, una fuente de empleo. 

¿Sabías que España es el primer productor acuícola de la Unión Europea?  

Los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), correspondientes al año 2018, indican que en España contábamos con 5.075 establecimientos y una producción de 319.015 toneladas. La mayor parte de las instalaciones acuícolas son cultivos verticales, principalmente bateas, que se corresponden con los altos valores de producción de mejillón: 283.833 toneladas en 2018 según datos de la Junta Nacional Asesora de Cultivos Marinos (JACUMAR). 

España se caracteriza por ser uno de los países con una mayor diversidad acuícola, cultivándose en torno a 40 especies de acuicultura marina y continental. La mayor parte de ellas se crían  con fines comerciales y alimenticios, otras tienen un componente ambiental, vinculado a la conservación de especies en peligro y, más recientemente, han surgido nuevos usos relacionados con la acuicultura ornamental o el cultivo de algas para la producción de biodiésel. 

Los datos de producción expuestos, nos dan una idea del volumen económico que puede generar esta actividad, alrededor de 652 millones de € en 2018 según los datos del MAPA, siendo un importante motor de desarrollo para las zonas costeras altamente dependientes de la pesca y constituyendo, por tanto, una importante fuente de empleo. 

El futuro de nuestra acuicultura pasa por una apuesta firme y decidida de todos los agentes por su desarrollo sostenible, simplificando el marco normativo que la regula y fomentando la búsqueda y declaración de nuevas Zonas de Interés Acuícola, donde la acuicultura pueda seguir desarrollándose al tiempo que se promueve la creación de una imagen sectorial bien definida y se traslada a la sociedad la importancia de esta actividad desde la perspectiva social, ambiental y económica. 

Para ampliar esta información puedes consultar nuestro apartado de publicaciones y el apartado Web de la Junta Nacional Asesora de Cultivos Marinos, del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.